Prólogo de Manuel Jabois

El periodista Manuel Jabois escribió el prólogo para el libro ilustrado, EL SEXO DE LUCÍA, escrito por la periodista Lucí Martín.


La leyenda de la costilla

Hace años en medio de la cena alguien dijo: “Esto es como la leyenda de la costilla que nos impide llegar hasta la polla”. Yo sonreí sin levantar la vista: “El viejo mito”. Hubo uno que tenía un tic y empezó a pestañear muy rápido:

-A qué os referís.

-A lo que nos decían en el instituto, eso de que no se puede llegar a la polla por culpa de una costilla. Como lo del colegio, lo de que si te masturbas te quedabas ciego.

Cayó un silencio de esos en los que se escucha respirar al muerto. El que acabó de hablar llenó las copas con la felicidad de quien se ha homenajeado con una mamada cinco minutos antes de salir de casa. El otro, mientras tanto, cortó su bistec en trozos exactos durante minutos.

En realidad si algo demuestra este libro es que el sexo es inacabable, y como acto animal, cuanto menos se sepa de él mejor será. “Soy fea y escribo para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables”, dijo Virginia Despentes en La Vanguardia hace un tiempito. El entrevistador, Lluís Amiguet, empezó de miedo: “Yo no la encuentro tan fea”. Y ella soltó la primera verdad, con lo difícil que está el mercado de verdades. “Yo aclaro que soy fea porque cuando eres mujer, seas escritora, trapecista o Ségolène Royal, lo primero que te interesa de ti a los hombres y a las mujeres, es saber si eres fea”. A Despentes la violaron (“que te violen es parte de ser mujer”) y durante dos años ejerció de puta, pero sin presiones, seleccionando clientela. “Ser puta es entender perfectamente en qué consiste la belleza […] Otras aguantan al viejo las veinticuatro horas del día. Y luego, cuando envejecen, el viejo se las quita de encima y se va con la joven, y han cobrado menos por hora que yo”. Bendita Despentes que después de leerla ya nadie en su sano juicio piensa si es guapa o fea, y no es una victoria menor.

David M. Buss en un texto de La evolución del deseo cuenta cómo la hembra de la mosca escorpión rehúsa aparearse con el macho que la corteja a menos que le traiga un regalo de boda sustancial, que suele ser un insecto muerto. Hay que leer a este hombre. “Mientras la hembra se lo come, el macho copula con ella. Durante el apareamiento, el macho tiene agarrado el regalo nupcial, como si quisiera impedir que la hembra se fugase con él antes de finalizar la cópula. El macho tarda veinte minutos de cópula continuada en depositar todo el esperma en la hembra. Los machos han desarrollado la capacidad de elegir un regalo nupcial que las hembras tardan aproximadamente veinte minutos en consumir. Si el regalo es más pequeño y se consume antes de que la cópula haya terminado, la hembra expulsa al macho antes de que haya depositado todo el esperma. Si el regalo es mayor y la hembra tarda más de veinte minutos en comérselo, el macho completa la cópula y ambos se pelean por las sobras”.

Pongan el reloj a ver en cuánto tiempo terminan esto.

Twitter: @manueljabois

Libro: El sexo de Lucía – Lucía Martín